Friday, June 02, 2006

Tierra de guerreros














Por José Víctor Rodríguez Nájera*


En un duro golpe para la sociedad mexicana se convirtió el paso de los huracanes Stan y Wilma por tierras mexicanas, principalmente en entidades como Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Hidalgo, estado de México, Nuevo León, Quintana Roo y Yucatán.

Paradójico, pero a vísperas de celebrar el día Internacional de la Alimentación miles de paisanos mexicanos carecían de insumos suficientes para satisfacer la necesidad primordial y básica, la de comer. Todo, a consecuencia de la mala organización de las diferentes autoridades mexicanas.

Para el caso de Stan, el gobierno federal no tardó en activar el plan de emergencia DNIII y de ocupar el dinero destinado a estos eventos, los de desastre. Autoridades como el Ejército, Protección Civil, Cruz Roja o Marina, todavía no llegaban a las zonas aisladas principalmente de Chiapas, y Vicente Fox ya festejaba la creación de un Gabinete de reconstrucción, cuando la fase de búsqueda, de reconocimiento y evaluación de los daños no terminaba todavía, cuando en ese instante, miles de personas solicitaban alimentos y ayuda médica, a través de los medios de comunicación que llegaron más rápido a los poblados aislados que las propias autoridades.

Para el caso de Wilma, toda actividad de entrega de víveres, servicios médicos y seguridad se destinaban a principalmente a los turistas que estuvieron varados en el lugar; mientras que la autoridad mexicana se centraba en ofrecer resguardo, y seguridad, a las sucursales de los grandes comercios, cadenas de hoteles, supermercados y restaurantes, para que no fueran saqueados por la población a la que identificó como “vándalos”.

Por su parte, el Presidente —el mismo que ofreció solucionar el problema guerrillero en Chiapas en 15 minutos— no dejaba pasar la oportunidad mediática para llamar la atención y reiterar “sus” acciones ante el desastre: activar una cuenta bancaria para depósitos de dinero, ofrecer alimentos, medicinas, regalar cobertores y habilitar escuelas como alberges provisionales. No dejaba la oportunidad de aparentar que él es útil, que da órdenes, que ofrece soluciones, que mueve aquí y ofrece allá, que es un (supuesto) líder.

Cuando Fox mencionó, en el caso de Stan, que “prácticamente ya está controlada la etapa de la crisis, de la contingencia, ya abrimos las mesas para la reconstrucción y ya se está registrando la gente”, ¿lo mencionó en serio? Que iluso de su parte pensar que la tragedia puede ser superada con el hecho de tener una relación de los damnificados. Al parecer, Fox Quesada no ha dejado el papel de candidato a la presidencia (año 2000).

No basta con estar físicamente en los pablados o en las cabeceras municipales, en el centro de Cancún en Yucatán, en Chiapas, en Oaxaca, bien sentencia el dicho mexicano “mucho ayuda el que no estorba” y eso debería hacer: no estorbar. No basta con estrechar la mano a la población, sonreír para que le tomen la foto o posar para la televisión.

Al golpear Wilma a México, el gobierno y los medios de comunicación electrónicos se olvidaron de la gente en Chiapas, y es probable que en este instante continúen requiriendo ayuda elemental como alimentos, medicinas y ropa.

Nuestra memoria histórica marca que cuando la población se encuentra en momentos críticos de desastre y las autoridades no logran ofrecer pronta respuesta, los propios paisanos se organizan, trabajan y subsisten, porque saben que no recibirán ayuda, porque saben que ellos mismos tienen la responsabilidad de apoyarse, de poner nuevamente de pie sus casas, de organizarse para alimentarse y atenderse médicamente.

El presidente Fox olvida que hace poco se enteró que hay poblaciones del país que no cuentan con servicio de energía eléctrica; es más, que confesó que es más fácil dirigir una empresa de bebidas refrescantes que administrar un país, por eso invita a la reflexión: “no tiene la más remota idea de que él, Vicente Fox Quesada, preside la administración, organización y distribución de los bienes de la República.

Todo confirma que el gobierno del “cambio” se distingue por la falta de cultura, de prevención, de propuesta, de soluciones, de acción, de dinamismo, por ser el que comete más de dos veces el mismo error; por ser quien resguarda los intereses empresariales anteponiendo los de la sociedad, los del puebo.

Algo extraño pasó en la historia de nuestro país, cuando era un honor ser parte de los guerreros tigre o águila, porque ahora cualquiera lo preside, por eso —a manera de mofa— en su último libro Ríus se propone como candidato a la Presidencia de la República, ¿y yo porque no? Se preguntaba.

Todo indica que México no ha dejado de ser dirigido por un mismo partido político. Confirmo, México cumplió ya, 75 años de ser administrado por los mismos. Ah, cuidado la temporada de huracanes no ha terminado y amenaza gama.


*Alumno de la licenciatura en
Comunicación de la FES Acatlán

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