Al estilo priista

Por José Duque*
La vida política institucional de México —después de la Revolución de principios de siglo— necesariamente comprende la aparición de un partido político (aunque en su vida haya tenido tres nombres) que en algún momento de la historia mexicana fue amo y señor de todo lo que se considera territorio nacional.
Para nadie es secreto que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) controlaba los tres poderes de la unión, las gobernaturas de las entidades federativas, con sus respectivos poderes locales, organizaciones campesinas, obreras y populares. Para nadie es secreto que el PRI perseguía y reprimía hasta con la muerte a los disidentes, incluso a los que integraban sus propias filas. El PRI ejercía el poder de forma absoluta, como lo describe Vargas Llosa en Dictadura Perfecta mismo que se basó en tener quien ocupara la silla presidencial como arbitro, jefe, líder o juez; al cual todos se plegaran mientras durara en la silla.
Pasaron muchas cosas, el priismo comenzó a perder gobernaturas, sufre una gran escisión a finales de la década de los ochenta, aparecen dentro de la política institucional nuevos actores que reclaman espacios de poder para si mismos, y de repente un día, las huestes priistas ya no tienen a su abanderado ocupando la silla del poder; el partido político otrora todo poderoso, había pasado a ser oposición institucional.
Ya sin jefe máximo los priístas empiezan a hacer política y como al parecer la clase política de este país (es decir, no sólo el PRI sino todos los demás partidos políticos con registro oficial) entiende Hacer política como buscar la forma de obtener poder sin importar ningún tipo de principio, inician los espectáculos de golpes bajos, fuego amigo, etcétera. Como el que han venido brindando el señor de las filtraciones con el señor de los depósitos y también con la Picasso de la política.
Es cierto que el PRI demostró en las elecciones federales de 2003 que entre los partidos con registro nacional es fuerte, pero el problema viene cuando los partidos políticos ya no están representando los intereses de la sociedad mexicana, y mientras sea así los enfrentamientos internos y entre partidos no pueden tomarse más allá de meros enfrentamientos por los cotos de Poder que se pelean en las alturas políticas de este país; confrontaciones que les resultan ajenas, tal vez incluso, a las bases militantes de dichos partidos.
Si los mexicanos esperamos que la solución a los grandes problemas del país va a llegar de manos de los políticos que hoy se muerden y desgarran y en otro momento pueden sacarse la foto juntos (como a final de cuentas pasó entre Madrazo y Montiel) podremos esperar toda la vida y seguir esperando aún más. Pero si empezamos a buscar la forma de organizarnos, buscando caminos y un futuro mejor, seguramente todo lo que vivimos hoy algún día será un irrisorio recuerdo en la memoria nacional.
* Alumno de la licenciatura

1 Comments:
eres lo maximo
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